¿Por qué funcionan los regalos en las campañas de promoción?

¿Sabías que los regalos fueron una de las primeras formas de promoción en la actualidad? De hecho, una de las primeras campañas con regalo de las que se tiene constancia la realizó un periódico que obsequiaba a sus suscriptores con una pluma estilográfica. Hoy, los periódicos siguen premiando la fidelidad de sus clientes con todo tipo de sorteos y cartillas para regalos.

Pero en la promoción en lugar de venta los regalos también han estado siempre presentes y más ahora que hay tantísima competencia que cada vez resulta más complicado atraer a un consumidor que está bastante harto de pagar por marcas que en muchos casos rebajan su calidad y pretenden vivir del nombre y cada vez optan más por las marcas blancas de los supermercados.

Por eso, para conseguir la fidelidad del cliente, el primer paso importante es mantener los criterios de calidad o incluso aumentarlos, pero también lograr que la gente pruebe la marca o se incline por ella mediante el uso de regalos promocionales o de descuentos que les permitan hacerlo sin que les salga muy caro.

Por qué gustan los regalos

Los regalos gustan porque suponen una atención por la compra, un extra que se lleva por comprar algo concreto que es muy parecido a lo que ofrece otra marca, pero la cual no regala nada. Incluso si la marca sin regalo es más económica, muchos clientes prefieren pagar algo más y llevarse un regalo que les resulta atractivo y que  les hace sentirse bien.

El regalo hace que el cliente se sienta especial, se sienta bien tratado pero, sobre todo, ofrece esa sensación de llevarse algo gratis que tanto gusta a cualquier comprador. No importa si el valor del regalo no es muy alto, importa que realmente es gratis. Y por eso funciona aunque el producto sea ligeramente más caro que el de la competencia siempre que no sea una gran diferencia de precio.

Un cliente satisfecho siempre va a hablar bien de aquello que ha comprado y esto es muy importante para la marca. Si alguien compra un producto y le va bien, puede que hable de ello o no, pero si además de irle bien le han dado un regalo, las posibilidades de que hable sobre su compra son todavía mayores.

¿Regalos directos o sorteos?

Hay dos maneras de ofrecer regalos a la gente, una es el regalo directo, que generalmente es algo que no tiene demasiado valor económico. Un obsequio que tiene que gustar al cliente y que puede ser decorativo, coleccionable o útil. O puede ser un sorteo, de algo de mucho más valor pero que solo va a tocar a un número limitado de clientes.

Los sorteos están teniendo mucho éxito en las redes sociales y están resultando ser una campaña promocional altamente rentable. La tienda o la marca regala uno de sus productos más deseados, sorteándolo entre todos aquellos clientes que compartan una publicación y, además, inviten a varios de sus contactos a hacer lo mismo.

Con esta promoción se consiguen dos cosas: la persona va a poner en su muro, de forma pública, un anuncio promocional de la marca o de la tienda. Además, va a etiquetar a varios contactos que recibirán de forma directa la invitación. Muchos de estos, a su vez, participarán en el concurso. Y también lo harán muchos de los que lean la publicidad en todos estos muros.

Si estas marcas hacen sorteos de manera constante, pronto tendrán miles de seguidores en su página y una red de personas que promocionen sus productos de manera constante. Solo tendrán que ofrecer buenos premios y de una manera clara que no deje lugar a la duda sobre cómo se realiza la promoción.

Por supuesto, toda esta promoción ayudará a que se hable de la marca y a que muchas personas la tengan presente a la hora de comprar. Esto es, sin lugar a dudas, el propósito último de estas campañas, aunque su enfoque es más a la promoción que a la venta.

Pero para promocionar en el lugar de venta, es decir, para incentivar la compra en el momento y no solo la promoción, los sorteos no son lo que mejor funciona. En este caso funciona mejor el regalo directo, la recompensa inmediata. El cliente lleva a cabo una acción y de manera instantánea recibe su recompensa, lo que es mucho más efectivo que una posibilidad futura.

También se puede tirar por un camino intermedio, con las cartillas para regalos. Esto funciona más en tiendas que con productos, pero también hay marcas que han apostado por ello. Los clientes tienen que conservar sellos o códigos de barras como prueba de compra y, una vez que han juntado una cantidad determinada, podrán conseguir un regalo de manera segura.

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